Por Laura Vilardell
Cada día que voy al gimnasio escucho un programa de historia titulado “En Guàrdia”, de Catalunya Ràdio. El domingo pasado aprendí sobre un músico y compositor, el catalán Jaume Nunó (1824–1908).
Gracias a su labor al frente de la Banda del Regimiento de la Reina, el Gobernador Civil de Barcelona sugirió a Nunó que fuera a modernizar la banda de Cuba. Ahí fue donde entabló amistad con el coronel y presidente de la república mexicana Antonio López de Santa Anna, quien contrató a Nunó en 1853 para dirigir las bandas militares en México. Un año más tarde, se abrió un concurso para poner música al himno mexicano y de las 16 candidaturas, la de Nunó salió ganadora. Sin poder saborear el éxito, se mudó a los Estados Unidos.
Un día de 1901, Nunó conoció a un delegado mexicano que fue a visitar la Exposición Panamericana en Buffalo, Nueva York. Al saber que Nunó estaba vivo, el presidente mexicano Porfirio Díaz organizó la conmemoración del Cincuentenario del Himno Nacional Mexicano ese mismo año. Cada vez que se tocaba el himno, Nunó recibía una medalla. Como dice el refrán, “nunca es tarde si la dicha es buena”. Ahora descansa junto al escritor del himno, González Bocanegra.
Los lazos entrela patria mexicana y el pueblo catalán se han ido estrechando a lo largo de la historia. En abril de 2026, desde Barcelona, la presidenta Claudia Sheinbaum defendió la libertad de los pueblos. Sin mencionarnos, los catalanes nos sentimos aludidos.
Soy Laura Vilardell y esta es mi perspectiva.