Read in English
Hirayama, el protagonista de la película Días perfectos del director alemán Wim Wenders, sigue rutinas. Se levanta, riega sus plantas, y escoge la música que establece el tono del día para él. Trabaja como personal de limpieza en los baños públicos de Tokio, almuerza todos los días en el mismo parque, y lee unas páginas antes de apagar la luz y acostarse. Al observar cómo se desarrollan sus días, me llamó la atención cuántas veces Hirayama mira hacia arriba.
Cuando sale de su casa, mira hacia arriba para observar el cielo. Durante el almuerzo se fija en las copas de los árboles, intentando sacar fotos de estos momentos efímeros cuando el sol se filtra por las hojas. Descubrí que existe una palabra japonesa, komorebi, para referirse a la sensación de belleza y tranquilidad que sentimos al mirar cómo la luz del sol crea manchas en los suelos de los bosques. Estos contrastes entre sol y sombra cambian constantemente, así que el mismo lugar termina presentándonos vistas diferentes.
Al ver este hábito de Hirayama, comencé a considerar mi propia rutina. Miro hacia abajo cuando trabajo en la computadora o consulto mi celular. Aún cuando camino, miro al suelo para evitar un tropiezo o una caída. Es un gran contraste con mi niñez cuando me echaba boca arriba en el jardín para observar las nubes en el cielo. Al crecer, dejamos de mirar hacia arriba, y perdemos estos momentos de asombro y este contacto diario con la naturaleza.
¿Por qué no adquirimos este hábito cotidiano de mirar hacia arriba? ¿Está dispuesto a cambiar su perspectiva y mirar al cielo también?
Soy Frances Jaeger, y esa es mi Perspectiva.