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Perspectiva: Vida en una dictadura (Life in a dictatorship)

Vida en una dictadura
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Vida en una dictadura

Vida en una dictadura

Durante estos últimos años, el discurso político en este país ha cambiado de hiperbólico a absurdo, al extremo de que hay quienes afirman que cualquier medida del gobierno es dictatorial. En el pasado este argumento se usó contra los cinturones de seguridad, y ahora lo vemos en oposición a la vacuna contra el COVID y las máscaras.

Lo que ignoran quienes apoyan esta idea es que una dictadura no les permitiría quejarse. Es más, las dictaduras no permitan desacuerdos porque sólo sirven los intereses del dictador y ni siquiera admiten su existencia. Lo sé porque viví bajo una dictadura de facto en Guatemala, de finales de los años 60 hasta mediados de los 80s. Estábamos en contante temor de balas y atentados, votamos en elecciones fraudulentas, y no podíamos confiar en nuestros representantes o en los policías. Pero tampoco podíamos decir nada, ni siquiera bromear, porque podíamos terminar en la cárcel o la tumba. ¿Y sobre leyes? Había toques de queda de las 7 PM a las 6 de la mañana, era prohibido que dos personas circularan en una motocicleta… ¡y no se podía tener barba!

Así pues, disfrutemos lo que podemos hacer, y respetamos las limitaciones que protegen nuestra salud. Como esta sociedad permite la disensión, bien podemos hacerlo civilizadamente. ¿Qué mejor prueba de que vivimos en una sociedad libra y democrática?

Me llamo Francisco Solares-Larrave, y ésta es mi perspectiva.

Perspective: Life in a dictatorship (English version)

(Life in a dictatorship

During the last years, the political discourse in this country has gone from hyperbolic to absurd. The most frustrating aspect is how some claim that any governmental action is an act of tyranny. In the past, this argument was used against seat belts, and now it reappears to fight the COVID vaccine and mask mandates.

Those who use this argument fail to see that a dictatorship would not let them complain at all. See… dictatorships don't allow dissent because they serve only the dictator's interests. In fact, they won't even admit their own existence. I know it because I lived under a de facto military dictatorship in Guatemala, from the late 60s to the mid-80s. We were in constant fear of bullets in the streets, voted for candidates in rigged elections, and distrusted all officers of the law. But we couldn't say anything, not even in jest, because we could end up in jail or dead. As for laws… we had curfews from 7 p.m. to 6 a.m., and regulations against two people riding a motorcycle. And beards were forbidden!

So, let's enjoy what we can do while respecting limitations aimed to protect our health. We live in a culture that encourages dissent in a civil manner. What better proof of a free and democratic society?

I am Francisco Solares-Larrave, and this is my perspective.)

A Guatemalan native, he arrived in the United States in the late eighties on a Fulbright Scholarship to do graduate studies in comparative literature at the University of Illinois in Champaign Urbana. He has been teaching Spanish language, literature and culture at NIU since August 2000, and his main research interests are 19th-century Spanish American literature.