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Perspectiva: Ahora todos vivimos encarcelados (Now, we all live imprisoned)

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Pixabay
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Read and listen in English

El semestre pasado di un curso sobre las novelas latinoamericanas ubicadas en cárceles. Al leer el estudio clásico Vigilar y castigar: El nacimiento de la prisión del filósofo francés Michel Foucault, sus observaciones sobre la vigilancia tuvieron un significado especial para mis estudiantes.

Es perturbador hasta que punto la cultura de vigilancia ha penetrado en las escuelas. El libro de Foucault analiza el panóptico, un estilo de arquitectura carcelaria diseñado por el británico Jeremy Bentham, donde los presos saben que están vigilados a todas horas, y como resultado autocensuran sus acciones. Las cámaras de seguridad han traído esta cultura de vigilancia constante al aula, transformando las escuelas en variantes de prisiones del siglo XIX. Mis estudiantes estaban conscientes de que los filmaron a lo largo del día y que estas grabaciones servían de evidencia para probar la violación de reglas escolares.

De modo semejante, el lugar de trabajo ha implementado sistemas para vigilar a los empleados. Desde los límites de tiempo estrictos en Amazon hasta el método fijo de limpiar un cuarto de Merry Maids, constantemente se vigilan las acciones de los trabajadores y se penaliza al que se aparta de las normas establecidas. De hecho, ya existe un personal aparte para vigilar a los demás, y hasta los oficinistas están sometidos a programas que registran cuántas veces se tocan las teclas de la computadora. Ya que las industrias tecnológicas recogen datos sobre cada compra, entretenimiento, y búsqueda en el internet, esta vigilancia se ha extendido a nuestro tiempo libre. Hasta nuestros teléfonos saben donde estamos y nuestros relojes monitoran datos sobre nuestra salud.

Dado este nivel de vigilancia, todos participamos involuntariamente en una sentencia bajo los ojos atentos de un panóptico que en su mayoría consiste en empresas privadas cuyo único propósito es aumentar sus propias ganancias.

Soy Frances Jaeger, y ésta es mi Perspectiva.

(Last semester I gave a course on Latin American novels set in prisons. By reading the classic thesis Discipline and Punish: The Birth of the Prison by French philosopher Michel Foucault, his observations on surveillance had a special meaning for my students.

It is disturbing to what extent the culture of surveillance has penetrated schools. Foucault's book discusses the panopticon, a style of prison architecture designed by Briton Jeremy Bentham, where prisoners know they are being watched at all hours, and as a result self-censor their actions. Security cameras have brought this culture of constant surveillance into the classroom, transforming schools into 19th century variants of prisons. My students were aware that they were filmed throughout the day and that these recordings served as evidence to prove the violation of school rules.

Similarly, the workplace has implemented systems to monitor employees. From the strict time limits at Amazon to the fixed method of cleaning a room at Merry Maids, the actions of workers are constantly monitored and those who deviate from the established norms are penalized. In fact, there is already a separate staff to monitor the others, and even office workers are subject to programs that record how many times the computer keys are touched. As the tech industries collect data on every purchase, entertainment, and search on the internet, this surveillance has extended to our leisure time. Even our phones know where we are and our watches monitor data about our health.

Given this level of surveillance, we all unwittingly participate in judgment under the watchful eyes of a panopticon that mostly consists of private companies whose sole purpose is to increase their own profits.

I am Frances Jaeger and this is my perspective.)

Frances Jaeger is an associate professor of Spanish at Northern Illinois University. Her research interests include Latin American contemporary poetry as well as Caribbean and Central American literature.